Los aros de gota en rodio tienen un grosor que no es uniforme: el metal nace delgado en la parte superior y se va ensanchando hacia abajo, hasta formar la parte más ancha en la base. Vistos de frente, ese perfil se lee como una gota alargada; de lado, como un aro de volumen creciente.
Esa forma tiene una ventaja práctica: concentra el peso visual en la parte baja, cerca de la mandíbula, y estiliza el rostro más que un aro de grosor parejo. La superficie es lisa y pulida, sin piedras ni texturas.
Son huecos por dentro, así que pesan poco pese al volumen. El cierre es de gancho abatible, que se levanta, se pasa por la oreja y se traba al costado, sin mariposas que se puedan perder. Disponibles en dorado y en plateado.
